11 mayo 2008
de acontecimientos sociales...
La boda de Alex y Silvia en Benidorm prometía ser bastante divertida.

Y así fue.

Antonio y Vittoria fueron nuestros acompañantes, o nosotros los suyos. El viaje fue entretenido y lluvioso. Alertados por la "posible avería" del coche, íbamos haciendo bromas al respecto.
La llegada al hotel, el hotel en sí, la cena a horas ciertamente inadecuadas...

El día de la boda.

Preparativos, prisas, risas, saxofones... maquillajes, trajes, tacones... mochilas, portatrajes, más tacones, consignas hoteleras... taxis que nos lleven a la iglesia.

La misa fue hermosa, con mucha música y en algunos momentos emociones a flor de piel. Aunque he de reconocer que en algunos momentos, también hubo risas, individuales y colectivas.

Despues vuelta al hotel, para celebrar el feliz enlace. Charlas animadas, miradas entrecruzadas, risas, a veces escondidas y otras más públicas. Conocer gente nueva, volver a ver a conocidos, observar las caras, los gestos...
Y compartir ese rato con otras personas.

La comida fue entretenida, igual que el baile posterior. Más risas, más animación.

Vittoria, Antonio, Alex, Silvia, laqueescribe, Tomás


Tuvimos que volver a casa, no pudimos terminar la fiesta. Al día siguiente, osea hoy, teníamos que acompañar a Dani (uno de mis sobrinos) en su primera comunión.

Prisas (menos que en la boda), risas (también algunas menos), sin saxofones pero sí con tacones, y muchos sobrinos. Todos los sobrinos. Diez... el mayor de 12 años, el pequeño de 2 meses.
En la iglesia, pensar en juegos silenciosos y entretenidos para los más pequeños (fuera llueve), y compartir la ilusión con el protagonista del día. Sus ojillos hervían de nervios, ilusión... y algunas décimas de fiebre que no han sido capaces de dejarlo tranquilo.


Despues comida familiar, jugueteando con los sobrinos, disfrutando de la familia. Eso sí, sin muchas celebraciones posteriores; la resaca estaba haciendo mella.


Mi sobri, Pau, y una servidora

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lo escrbí a las 10:37 PM | Permanente | 2 duendes pasaron por aquí
03 abril 2008
una de música coral



No, no se me ha ido la pinza.

A uno de mis hermanos, le encanta la música Renacentista. Un día, en su casa, me puso esta obra de Juan de la Encina y mil pensamientos y recuerdos inundaron mi cabeza:

Cuando estudiaba solfeo, una de las asignaturas era Conjunto Coral. Todos los que estábamos en 4º y 5º de solfeo teníamos que ir a esta clase. Nos clasificaban según el registro de nuestra voz (sopranos, contraltos, tenores y barítonos). No éramos muchos alumnos...

Yo era contralto (junto a una buena amiga ¿te acuerdas?? y un amigo).

El profesor, era el director de la escuela de música, un músico militar, retirado del servicio y dedicado plenamente al mundo de la música. Tenía un carácter serio y era muy estricto, aunque cuando necesitabas cualquier cosa él era el primero en echarte una buena mano.

Buena gente.

Las clases eran los jueves a las 8. Una horita. Al principio teoría del conjunto coral. Nadie estudiábamos aquellos temas ciertamente cansinos, a pesar de que luego nos preguntaban de qué iba el tema. Imaginación al poder (ahí comenzaron mis desvaríos decenizas). Despues nos tocaba cantar.

El profesor se sentaba delante del piano, que a veces era tan viejo que decían que era el instrumento con el que los Reyes Católicos recibieron a Cristóbal Colón cuando regresó de su aventura americana, y comenzaba a tocar un poquito las voces para que cogiéramos la entonación. Después todos juntos, cada uno siguiendo la partitura y entonando bien cada nota y él acompañándonos al piano.

Éramos 6 sopranos, 3 contraltos, 2 tenores y 4 barítonos... equilibrados vamos.

Y una de las que cantábamos era esta. A mí me llamó la atención, desde el principio, su letra. Y cómo no su melodía.

Cuando la oigo me viene a la cabeza las sensaciones que experimentaba en aquellas clases que me gustaban tanto. El olor de un aula que dejó de existir porque la unieron a otra e hicieron una sala de ensayo, la luz que entraba por sus ventanales alargados que daban paso a unos balcones a los que nos asomábamos mientras empezábamos o no, la disposición de las mesas en filas de 8 ó 10, el sonido de nuestras voces resonando entre cuatro paredes que llegaban al cielo;el sonido de un piano que nos acompañó en exámenes finales y pruebas; el buen ambiente con los compañeros, las risas con ciertas situaciones; conocer obras corales y autores y cantarlas y sentirlas, y sobretodo la belleza de cuatro melodías distintas e igual de importantes, y el encanto de la voz humana.

Me encantaba ir a aquellas clases. Volvería a repetir con los ojos cerrados.

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lo escrbí a las 12:55 PM | Permanente | 8 duendes pasaron por aquí
23 marzo 2008
vuelven
No sé si lo alguno de vosotros los ve, pero estaba yo tan feliz navegando y me he encontrado con que vuelven otra vez a la parrilla, los miércoles noche, para contagiarnos su humor, a veces inteligente otras surrealista, y sacarnos una sonrisa o dejarnos los ojos como platos (que yo he vivido las dos sensaciones). Y me he dicho... "voy a avisar, por si acaso".

En fin, qué bueno es tener amigos así :)

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lo escrbí a las 6:14 PM | Permanente | 13 duendes pasaron por aquí
03 marzo 2008
encuentros III
(Si te perdiste los otros Encuentros, pincha aquí)

El duende, apoyado contra la pared revestida de madera, intentaba respirar hondo para calmar el acelerado ritmo de su corazón. Su ensortijado pelo rubio comenzaba a estirarse debido al sudor que bajaba por su cabeza. Notó una suave brisa fría en su nuca. Asustado y nervioso giró la cabeza buscando quién le podía estar soplando suavemente detrás de las orejas. Rápidamente se dió cuenta de que no había nadie.
Miró por la rendija del armario. No había cerrado bien la puerta abatible y quedaba una pequeña rendija por la que mirar. Guiñó un ojo para poder ver mejor, y se dió cuenta que su estela aún estaba presente en la habitación. Con la seguridad del armario, se tranquilizó y miró a su alrededor para poder analizar todo lo que había.

Vió a una niña, de grandes ojos y pelo moreno, haciendo verdaderos juegos malabares para llegar al armario sin caerse de la cama ni hacer ruido. Notaba su mano demasiado cerca de la puerta, por lo que dió un leve salto hacia atrás y su corazón comenzó a acelerarse de nuevo. En ese momento recordó cómo sus compañeros y amigos se reían de él por lo asustadizo que era. "Incluso me asusto al lado de una niña de ocho años...".
Volvió a acercarse a la puerta y a mirar por la rendija. La niña ya estaba sentada en su cama mirando fijamente la puerta, a la espera.
"Esto puede durar toda la noche", pensó el duende.

Se sentó en el suelo a esperar y a pensar un plan para poder acercarse a la niña, dejarle el "encargo" y volverse a casa con su gente, sin más complicaciones. Consideró que lo mejor era esperar a que se durmiera para ejecutar su plan. La gran pregunta que le rondaba la cabeza era... ¿se dormiría la niña antes de que saliera el sol?.

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lo escrbí a las 10:22 PM | Permanente | 17 duendes pasaron por aquí
27 febrero 2008
atardeceres

Atardecer en un pueblecillo del Delta del Ebro (Tarragona)


Atardecer en la playa de la Concha (San Sebastián)

Atardecer en dos mares distintos. Uno calmado y cálido, el otro bravo y frío. El primero rompiendo suavemente al llegar a tierra, acariciándola con ternura; el segundo amenazando con bravura las rocas en las que rompe sus olas, ofreciendo el juego a los surfistas y escondiendo las playas bajo su manto a ciertas horas del día, descubriéndolas horas despues.
Ante ellos distintas sensaciones y a la vez la misma sensación de magnitud ante mis ojos. Tranquilidad.

Atardecer en dos mares distintos, dos días distintos en una misma semana. El primero el mediterráneo, frente al Delta del Ebro, con el aire rozándome la nuca y un paseo pendiente por caminos de montaña, sin estres y casi sólos; el segundo, en San Sebastián, días antes, con el aire rozándome la cara directamente, en el paseo de la Concha y un paseo pendiente por el casco antiguo de la ciudad.

Un mismo sol ocultándose tras las nubes y dando paso a la magia de la noche.

Dos atardeceres y dos bellezas. Distintas y similares.

PD: No estoy colocá ni ná de eso; simplemente estoy relajá, mi vecina de arriba lleva días sin ponerse los tacones de su madre ni los patines... suyos.

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lo escrbí a las 10:36 PM | Permanente | 3 duendes pasaron por aquí
19 febrero 2008
Los tacones de mi vecina
Cloc, cloc, cloc, cloc, cloc...
...
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cloc, cloc, cloc, cloc...
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Mi vecina de arriba lleva tacones. Y ciertamente es una novedad, porque hasta la semana pasada usaba patines de ruedas en su casa, por lo que el ruido en el techo de mi habitación era.. crooooooooooooojjjj... croooooooooooooojjjjjj... crooooooooooooooooojjj...

Y ya era insoportable.

Pero esta tarde, lluviosa, se ve que no puede salir a su hermosa terraza propia de un ático, a dar por saco con los patines y entonces ha decidido plantarse sus tacones y pasearse por toda la casa, y de paso, deleitar a los vecinos de abajo con un concierto para tacón opus.1 (uno porque es el primer día, mañana será opus2).

Y la vecina de abajo, soy yo.

Al principio pensaba que eran golpes propios de la obra que otros vecinos están haciendo en su casa, pero no, me he dado cuenta que es "ahí arriba". Y entonces he decidido ignorarlos y seguir con lo mío, hasta que la susodicha ha comenzado a taconear tipo flamenco. Taconeo rápido, silencio, taconeo rápido, taconeo lento, contratiempos... tac, cloc, tac, cloc, tac... ahí ha sido cuando he tirado de mis auriculares, los he enganchado al señor mac y he puesto la música "atóloquetiraelcacharro" a ver si puedo superar el cloqueo... perdón, taconeo.

Llevo un rato planteándome si subir y sugerirle por favor que se quite los tacones (de buenas formas), o subir simplemente y saltarme las buenas formas, mientras me la imagino con unos zapatos rojos con circulitos blancos (a topos, vamos), claqueando en su habitación tan feliz.

Y es que mi vecina, la susodicha, creo que no llega a los diez años...

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lo escrbí a las 6:29 PM | Permanente | 9 duendes pasaron por aquí
10 febrero 2008
tranquilidad ante todo

"Vale más burro vivo que listo muerto"

Sabias palabras de un buen amigo que le dijo a alguien muy querido para mí, intentando mentalizarle para que se tomara las cosas con tranquilidad, con mucha tranquilidad.
Todo el fin de semana han estado revoloteando en mi cabeza, y cuánta razón tienen.

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lo escrbí a las 10:45 PM | Permanente | 11 duendes pasaron por aquí